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martes, 10 de marzo de 2009

La Teta Asustada (2009)



La noche del lunes tuve el privilegio de asistir al Avant Premier de "La Teta Asustada", la segunda película de Claudia Llosa, que acaba de ganar el Oso de Oro de Berlín, por lo que el de ayer fue uno de los preestrenos más anticipados y esperados del cine peruano.

La película narra la historia de Fausta, una humilde mujer andina que tiene "la teta asustada", una enfermedad que, según creencias andinas, se trasmite a través de la leche materna de las mujeres que fueron violadas durante la época del terrorismo en el Perú. Se trata de una enfermedad que se basa en el miedo. Fausta ha heredado el trauma que sufrió su madre, quién fue atacada precisamente cuando estaba embarazada. Ese es el estado inicial de esta historia, con Fausta cuidando de su madre anciana y cantando cada vez que siente miedo, para olvidar el temor que lleva escondido desde su nacimiento.



Todo cambia tras la muerte de su madre. El susto que invade a Fausta le provoca un desmayo. Un doctor la examina y descubre otro extraño secreto: Fausta lleva una papa en su vagina. Es una protección, un escudo, para evitar sufrir el mismo daño que sufrió su madre y muchas otras mujeres de su pueblo durante la época del terrorismo, porque "solo el asco deteiene a los asquerosos".

A partir de ese momento, la película se centra en la necesidad de Fausta de conseguir dinero para poder enterrar a su madre en su tierra natal. Entra a trabajar en la casa de una mujer mayor y solitaria, una cantante aristócrata que ha quedado repentinamente sin inspiración. Ahora Fausta debe hacer frente a todos los cambios, incertidumbres y miedos que eso implica para ella.

Esta es a grandes rasgos la historia de "La Teta Asustada", cuyo mayor merito no está necesariamente en la narración o en la historia narrada, sino, como han destacado anticipadamente algunos autores, en el hecho de que expone al debate público un tema que ha sido dejado de lado en la etapa de reconstrucción moral de los pueblos andinos del post terrorismo. Por primera vez se habla abiertamente de las mujeres que fueron violentadas durante la época de terror y de las consecuencias que esos actos generaron en ellas, en su comunidad y, sobre todo, en sus hijos.


Si bien la película no pretende ser un tratado al respecto, es importante y significativo el simple hecho de darle una voz a esas mujeres y a sus hijos, a las víctimas de esa enfermedad que no es otra cosa que el miedo en su estado más primitivo.


Y es ese miedo el que lleva los hilos de la película. Un miedo, que ya haciéndose más general, está presente en todos los personajes. El miedo al olvido, a la muerte, al fracaso, al ridículo, a la soledad, a la vergüenza. Es decir, la vida humana misma, porque muchas decisiones en nuestras vidas están basadas en estos y otros miedos, mayores o menores, pero miedos al fin.

Pero no es una película sobre el temor, sino la superación del mismo. Se trata, como dice la sinópsis, de un viaje del miedo a la libertad. Fausta se embarca en un proceso de revelación, en un redescubrirse a sí misma y al mundo. El resultado es un florecimiento bellamente simbolizado en la flor de papa de la escena final: una señal de que Fausta al fin se ha librado de la otra papa, la de la vagina, la del miedo, la que la mantenía atada a un recuerdo traumático desde que estaba en el vientre de su madre.




Y tal vez es ese el punto más destacado de la película. No sólo le da una voz a los hijos de la violencia, sino que les brinda una luz de esperanza, un mensaje positivo, de que es posible encontrar el alivio, dejando atrás el réncor y el miedo, y comenzando una nueva vida. Es un mensaje que se puede ampliar no solo a ellos, sino a todas las víctimas del terrorismo. Es una idea que va de la mano con la etapa de postguerra que vivió y vive el país, la etapa de la reconciliación y reivindicación.

Pero la película tiene otros méritos que van más allá del discurso. Hay que destacar también la correcta dirección artística y un buen trabajo de fotografía. La primera destaca en la reconstrucción del mundo andino limeño, en la pobreza, en las fiestas populares, con sus respectivos colores y texturas; y destaca también en su contraparte, en la inmensa casa donde trabaja Fausta. Y es en este lugar donde sobresale notablemente también la dirección fotográfica, con planos muy bellos de los diversos salones, cuya iluminación y composición dejan ver no solo la abundancia material de la dueña de la casa que se contrapone a la soledad en la que vive, sino también esa atmósfera de incertidumbre que dichos ambientes representan para la visión de Fausta, completamente ajenos a sus costumbres y al mundo que ella conoce. Pero esos claroscuros tienen que ver también con lo que ya hemos marcado: el miedo.

Mención aparte merecen los hermosos planos generales del barrio y la casa de Fausta, tomas casi fotográficas o pictóricas, que hacen recordar por momentos a las imágenes de Martín Chambi y la escuela indigenista, dándole a la película no solo una mayor riqueza estética, sino una fuerte carga cultural.


Otros medios ya lo han venido mencionando, y acá no podíamos dejar de nombrar a Magaly Solier, nóbel actriz que sobresale notoriamente del resto de actores con un talento nato sorprendente y una belleza misteriosa. Le brinda al personaje la naturalidad y sencillez necesarios y una expresividad cautivante y conmovedora. El resto de actores se destacan sobre todo por un notorio (pero no negativo) esfuerzo por hacer las cosas bien. Muchos de ellos dan la impresión (o tal vez lo dejan en claro) de no ser actores, sin que eso signifique que estén mal. Por el contrario, se sienten más cercanos a la realidad del mundo andino limeño. Sin embargo, hay que reconocer que con excepción de Magaly y Susi Sánchez (la dueña de la casa), las actuaciones son el punto más bajo, o en todo caso, el menos bueno.



En resumen, se trata de una película bien trabajada, con muchos puntos para destacar, y que, tras su estreno, debería dejar atrás algunos comentarios mezquinos que ya venían escuchándose tras su victoria en Berlín. No podría decir si merece el premio o no, porque sería injusto hablar sin haber visto el resto de películas. Pero sí hay que reconocer los méritos que tiene, y que no son pocos, que hemos tratado de recoger aquí. Vale la pena ir a verla y les recomiendo e invoco a que lo hagan. Que la disfruten (seguro que lo harán).

jueves, 20 de marzo de 2008

Gone, Baby, Gone (2007)


Por fin tuve la oportunidad de ver esta película y coincidentemente fue en medio de una semana (la pasada) cargada de noticias sobre bandas que trafican con niños, madres que venden o regalan a sus hijos por no tener cómo mantenerlos, y albergues tan saturados que se ven obligados a devolver a los niños con los padres que han abusado repetidamente de ellos. Todo ello me obligó a ver esta película, que ya de por sí es generadora de polémica y reflexión, con una especial atención y sensibilidad.

Patrick Kenzie (Casey Affleck) y su novia-socia Angie Gennaro (Michelle Monaghan) son contactados por Lionel (Titus Welliver) y Bea McCready (Amy Madigan) para que ayuden en la búsqueda de su desaparecida sobrina Amanda (Madeleine O'Brien), de tan solo cuatro años. Ellos se unirán a los detectives Remy Bressant (Ed Harris) y Nick Poole (John Ashton) en la investigación, tratando de descubrir qué fue exactamente lo que pasó con la pequeña Amanda y los secretos de su madre, Helene McCready (Amy Ryan). No quiero decir más para no arruinarle la película a nadie, pero ese es a grandes rasgos el argumento.

El film generó polémica desde su estreno, principalmente por su gran parecido con el caso real de la pequeña Madeleine McCann. Las coincidencias van desde el nombre de la pequeña actriz, hasta la aparente frialdad de la madre, sin demasiados llantos ni desesperaciones, pasando por la gran similitud en los apellidos. No pretendo detenerme a analizar si, efectivamente, el caso real y el ficcional coinciden, no sólo porque no conozco los detalles y pormenores del caso de Madeleine, sino, sobre todo, porque eso escapa a lo propiamente cinematográfico que es lo que nos interesa principalmente.

Pero sí nos interesa discutir los temas propuestos por el film, y el tratamiento que se le da a la historia. La película nos plantea una cuestión ética debatible. ¿Hasta qué punto es lo mejor para un niño permanecer junto a sus padres? Hay muchas preguntas que se vinculan y se derivan de esta última. ¿Quién sabe qué es lo mejor para un niño? ¿quién tiene el poder y el derecho de decidirlo? Y, especialmente, ¿qué actos comúnmente repudiables, podrían considerarse aceptables cuando se realizan buscando el bien de un menor? Se trata en última instancia de la pregunta ética por excelencia, ¿qué tan malo es un acto ilegal si lo que se busca con él es el bienestar, la felicidad o la salvación de alguien más?


No es sencillo responder estas preguntas, y es en ese cuestionamiento que, a mi entender, se encuentra el punto fuerte de esta película. La historia, las situaciones y los personajes nos invitan y acompañan en una reflexión seria sobre un asunto que es sin duda muy importante y delicado. Se trata de la protección de los menores y de cuánto estamos obligados a hacer por salvaguardar su seguridad. Los argumentos vertidos por los personajes son buenos, y logran conectarse con el pensamiento del público que es lo que se busca en un buen guión. Pero, contradictoriamente, creo que es también en este punto que la película presenta su principal problema. Algunos argumentos son tan buenos que le ganan la reflexión al autor, quien, a pesar de ello, no logra desprenderse de sus convicciones iniciales, por lo que finalmente se decide por un desenlace en base a una premisa que ya había sido derrotada por los razonamientos opuestos.

Resulta algo complicado explicar esta última idea sin mencionar el desenlace, pero trataré de hacerlo siempre con la intención de no fastidiar a quienes aún no han visto la película. El personaje interpretado por Casey Affleck actúa guiado por un convencimiento absoluto de lo que él considera ética y moralmente correcto. Sin embargo, en el camino se encuentra con situaciones y personajes que ponen en duda tal certeza, y, según mi parecer, estos argumentos opuestos son más fuertes o, como diría el maestro Alonso Alegría, no estaban totalmente agotados. Son buenos argumentos, pero este personaje no parece dudar nunca, por lo que se le ve convencido de principio a fin. Y es que, en última instancia, es el autor el que está convencido de lo que quiere decir y lo hace, para su mala suerte, a través de una historia que invita abiertamente a la reflexión, en la que el público está pasando por los mismos razonamientos y dudas que los personajes y, por lo mismo, no llega a estar completamente convencido de qué es lo que se debe hacer, por lo que la resolución del conflicto por parte de este personaje corre el riesgo (hago esta salvedad porque tal vez sea yo el único que lo ve así) de quedar inverosímil o, al menos, poco convincente.

Da la sensación de que el autor puso sobre el tapete los mejores argumentos posibles, cosa que todo buen guionista o escritor debe hacer, pero construyó la historia en base a una concepción inicial que se mantuvo firme aún en contra del razonamiento principal de la propia película. Algunos dirán que esto no es así y lo entiendo. Hay una posibilidad de que esto no sea un error sino una propuesta pensada y articulada así a propósito. Me inclino yo mismo a creer esto último. Es probable que lo que el autor haya querido lograr es precisamente dejarnos con la duda, con esa sensación de no saber qué hacer, porque lo que quiere expresar es precisamente eso, que no hay una respuesta correcta, solo una amplia posibilidad de errores, que, lamentablemente no los sufren (solamente) quienes toman las decisiones, sino los niños en cuestión. Es por esto que no dije que se tratara de un error, solo de un problema. Es muy posible que ésta haya sido la intención, pero el resultado final es la de un personaje que nunca puso en tela de juicio sus convicciones y, por lo tanto, no sufrió ningún conflicto, por lo que la historia, entonces, pasaría a ser muy superficial y simple. No parece serlo, y no creo que lo sea, y por eso le doy al autor el beneficio de la duda. Lo único que digo es que en estos casos, como también diría el mismo Alonso Alegría, tiene que estar bien claro que la terquedad es exclusiva del personaje y no del autor, y creo que en esta propuesta, que no por ello deja de ser interesante, no está completamente claro. Habría que leer el libro.


Volviendo a las virtudes del film, hay que detenerse en las actuaciones. El elenco está estupendo. Ed Harris, en lo suyo, con una actuación similar e igual de buena a la que ya le habíamos visto en "Una Historia de Violencia" (2005). Amy Ryan es una muy convincente madre alcohólica y drogadicta, quien no parece estar muy afectada por la desaparición de su hija. Bien merecida tiene las nominaciones al Oscar y al Globo de Oro. Michelle Monaghan también está correcta, y le quedan mucho mejor estos papeles que los de comedias típicamente hollywoodenses. Morgan Freeman, quien hace el papel de capitán de policía, no realiza un papel extraordinario pero si a la altura de su importante trayectoria.

Hay que destacar a Casey Affleck, quien una vez más nos deja como conclusión que es mucho mejor actor que su hermano, y a Ben, quien demuestra también que tiene mucho más que ofrecer como escritor y director que como actor.

¿Es válido separar a un niño de sus padres con la excusa de que así tendrán un mejor futuro? ¿Es mejor dejarlos siempre junto a sus padres solo porque son sus padres? Se trata de una reflexión muy interesante, importante y compleja, pero que creo que no debemos dejar de hacernos. Esta película nos ofrece una buena oportunidad para meditarlo. Vale la pena verla, no sólo por eso, sino porque, finalmente, es una buena película de acción y suspenso, muy recomendable.

sábado, 8 de marzo de 2008

Trois Couleurs: Bleu (1993)

Ya que no he tenido tiempo de ir al cine en estos días, he decidido remitirme temporalmente a los clásicos. Esta es, además, una de las primeras películas que analicé para la Universidad. El trabajo consistía en analizar los temas presentes y los campos semánticos con los que el autor construye su concepto. No he hecho ninguna modificación al texto original

Tres Colores: Azul (Trois Coluleurs: Bleu)

Julie Vignon es una noble mujer que perdió a su marido y a su hija en un accidente automovilístico al que ella sobrevivió. Mientras está recuperándose en el hospital, intenta suicidarse, pero siente que no tiene el valor necesario para hacerlo. Una vez en casa, busca alejarse de todo lo que pueda hacerle recordar su tragedia. Vende sus cosas y se muda a un nuevo apartamento, donde intentará iniciar una nueva vida, aunque sin éxito, ya que se verá constantemente atrapada por evocaciones de su pasado.

Este es un breve resumen del argumento de “Azul”, la película del cineasta polaco Krzysztof Kieslowski, que marca el inicio de su famosa trilogía “Tres Colores” (Azul, Blanco y Rojo). En cada una de ellas el director realiza una asociación entre el color que da título al film y un concepto o valor que intenta transmitir. En este caso, el color azul representa la libertad, ya no solo como ideal humanista, sino entendida como libertad personal, una ilusión tan necesaria como inalcanzable, pues la protagonista de esta película se dará cuenta poco a poco que, aunque pretenda escapar de su dolor, nunca podrá ser verdaderamente “libre”, ni alejarse de sus malos recuerdos.

Existen varios temas opuestos que están presentes durante todo el transcurso del relato. Claramente podemos notar el contraste entre soledad y compañía, perfectamente encarnado por el personaje de Julie (gracias a una excelente actuación de Juliette Binoche), y, en cierta medida, también por el personaje de Olivier (Benoit Regent). Ellos se buscan y se juntan precisamente porque necesitan huir de la soledad en la que están sumidos. Pero la contradicción está más presente en el personaje femenino. Ella ha perdido a su familia y se ha quedado sin ninguna compañía. Por si fuera poco, ella misma decide alejarse de todo y de todos, para evitar cualquier detalle que le recuerde lo que ha perdido, y para refugiarse precisamente en su soledad. Sin embargo, no puede soportarlo, la vemos en constante búsqueda de alguien con quien compartir. Esto se ve reflejado, por ejemplo, en la escena en la que va a visitar a su madre, o aquella en la que llama a Olivier para hacer el amor con él. Se trata entonces de un campo muy presente y muy importante en el desarrollo de la historia.

Otro que se hace evidente es el de vida y muerte. Probablemente, no haga falta explicar demasiado esta idea. Julie debe enfrentarse la desdicha de perder a su hija y a su esposo, mientras ella aún continúa con vida. Ella misma se ve afectada por esta contradicción, a tal punto que llega a intentar suicidarse. Pero nuevamente se aferra a la vida, pues, como ya hemos dicho, no encuentra el valor requerido para cometer semejante acto. Decide entonces intentar vivir, aunque el recuerdo de la muerte la persiga siempre.


El color azul es un elemento que se repite constantemente a lo largo del film. Aparece como filtro, pero también en algunos elementos que conforman el mundo diegético, como el portafolios que contiene los últimos papeles dejados por el esposo de Julie, o los adornos de la única lámpara que ella quiso conservar de su primera casa. El azul también acompaña cada imagen de su pasado, ya sean los recuerdos que vuelven a su mente, o la escena misma del accidente con la que comienza la película. Encontramos aquí el primer gran campo semántico, y tal vez, el más importante. Por un lado, habíamos mencionado que el color azul simbolizaba la libertad, o al menos la búsqueda de la misma, mientras que, por otro lado, representa justamente todo aquello que Julie quería dejar atrás en esa búsqueda. Hay claramente dos ideas opuestas que reflejan exactamente lo que el autor, a nuestro juicio, pretendía transmitir, esa contradicción entre el deseo de libertad personal y la imposibilidad de conseguirla.

martes, 4 de marzo de 2008

Charlie Wilson's War (2007)


Si lo que buscan es una película que entretenga y con la que se pueda pasar un buen rato, “Juego de Poder” puede ser una buena opción. Pero no esperen mucho más. No porque no haya nada más que rescatar de la película, sino porque demasiada expectativa probablemente genere desilusión.

En plena Guerra Fría, el congresista republicano Charles Wilson (Tom Hanks) inicia una batalla personal para lograr los fondos necesarios para financiar a los rebeldes afganos que pelean contra la invasión rusa durante los años ochenta. La historia narra todas las artimañas y alianzas a las que el congresista tuvo que recurrir para lograr su cometido, y los resultados obtenidos. Así, se juntará con el encargado de los asuntos afganos de la CIA (Philip Seymour Hoffman) y con una acaudalada e influyente mujer católica texana (Julia Roberts), quienes lo convencerán de hacer todo lo necesario para conseguir el financiamiento.

No estamos ante una gran película, pero, como ya hemos indicado, hay cosas interesantes que valen la pena discutir. Se trata de una reflexión bastante interesante sobre las decisiones que se toman durante la guerra y las motivaciones que los líderes pueden tener para llegar a tales decisiones. Lamentablemente, como es obvio y común en estos casos, la película no deja de ser tendenciosa ni propagandística en favor de los intereses norteamericanos, lo que molesta durante la mayor parte del film. Sin embargo ya sobre el final, el planteamiento se vuelve más crítico contra el sistema, los gobernantes y la guerra misma, lo cual termina salvando a la película.


Otro punto que llama la atención es el elenco. Sin ser extraordinarios, a nuestro juicio, Julia Roberts y Tom Hanks cumplen, por lo general, con brindarnos actuaciones adecuadas. Y esta vez no es la excepción. Quien si resalta, como también suele hacerlo, es Philip Seymour Hoffman, en el papel de un personaje estupendo, Gust Avrakotos, quien era de los pocos que originalmente estaba de acuerdo con facilitarles armas a los rebeldes afganos. Se trata de un personaje amargado por ratos, irónico y ácido, pero siempre lo suficientemente sobrio como para convencer a quien sea necesario de seguir sus ideas. Bien merecida tiene la nominación al Oscar y dicho sea de paso, todo el reconocimiento que alcanzó después de Capote, y que ya merecía desde mucho antes. También es interesante y entretenida la participación de Amy Adams, la misma de “Encantada”, quien le brinda una cuota amena a la película y se convierte en un adecuado y efectivo complemento para el personaje de Tom Hanks.

Retomo mi punto inicial. No esperen una gran película y saldrán contentos. No deja de ser, sin embargo, una interesante reflexión sobre la manera que tiene Estados Unidos de solucionar sus conflictos –un tema tan vigente actualmente-, y que, de paso, ayuda a recordar o conocer lo que sucedió en esos años en esa parte del mundo que siempre ha estado sumergida en conflictos y donde el interés americano ha traído más problemas que soluciones. No está de más recordar que entre los rebeldes que recibieron financiamiento y armas en esa lucha estaba nada menos que Osama Bin Laden. A tener en cuenta.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Atonement (2008)



En mi análisis anterior escribí que sólo había una película que, según mi opinión, podía derrotar a la de los hermanos Coen en el Oscar a mejor película. Esta era precisamente Expiación (Atonement), un film realmente sorprendente, dirigido por Joe Wright, el mismo de "Orgullo y Prejuicio". Sorprendente, porque francamente no le había prestado demasiada atención y la vi prácticamente porque no tenía nada mejor que hacer, sin saber siquiera de qué trataba. Y, sin embargo, valió totalmente la pena.


La película atrae desde la primera escena, con ese suave travellin por el cuarto de la pequeña Briony. Podemos imaginar así que estamos ante una película bien cuidada y trabajada. Y es así en realidad. Se trata de un film que cuenta con una historia que atrapa rápidamente y un visible esfuerzo por construirle una atmósfera adecuada mediante el manejo de cámara, las luces, los escenarios y, sobre todo, la música. Los elegantes movimientos de cámara atravesando los finos pasillos de la casa de los Tallis son un claro ejemplo de eso.


Se puede dividir el film en dos partes. La primera, que transcurre mayormente en la casa de la familia Tallis, es donde más resaltan la fotografía y dirección artística que son sinceramente geniales. La segunda parte, en cambio, tiene una gran carga emotiva, por lo que los detalles técnicos quedan de lado, ya que el espectador está completamente metido en la historia. Los escenarios aristocráticos cambiaron por el caos y desolación de la guerra, lo que ayuda a reforzar esta atmósfera de sensibilidad en la que priman las emociones por sobre todas las cosas.


Como el título indica, se trata de una película sobre la expiación y, por tanto, sobre la culpa. Es el verano de 1935 y un acontecimiento está por cambiar la vida de tres personas. Briony Tallis (Saoirse Ronan) es una niña de 13 años, con grandes talentos literarios y muy precoz. Su hermana Cecilia (Kiera Knightley) acaba de descubrir que está enamorada de Robbie Turner (James McAvoy), de quien Briony cree también estar enamorada. Este será precisamente el punto de partida de la desdicha que están a punto de vivir. Briony, quien acaba de encontrar a su hermana y a Robbie haciendo el amor en la biblioteca, acusa a éste de haber cometido un horrible crimen, convenciendo a todos en la casa de que ella lo había visto con sus propios ojos. Robbie es arrestado y Cecilia le hace jurar que regresará junto a ella. A partir de entonces la película se centra en la lucha de estos dos amantes por volver a estar juntos y vivir felices. Pero Robbie, quien ahora está en Francia peleando en la Segunda Guerra Mundial, encontrará más de una dificultad para volver a casa y Cecilia seguirá sufriendo la larga espera. Mientras tanto, Briony irá entendiendo las graves consecuencias de sus actos y tratará de enmendar su error, lo que termina de redondear el concepto de la película.



Como vemos, no es sólo una historia de amor, o de mentiras o culpas. Es una historia completa de lo que es el ser humano, con virtudes y defectos, con sus decisiones, sus sueños y sus ilusiones. La película nos muestra la dicha del amor, el poder de las mentiras y la crueldad de la guerra, todo sin exagerar, sin saturar, con pocos excesos hollywoodenses y con un hermoso cuidado en la construcción de las imágenes, planos y secuencias. Así se resume el éxito de la película. Atrae porque hay muchas características con las que el público puede identificarse, ya sea en las situaciones o en los personajes, lo cual hace más rico el visionado. Cuenta además con la siempre bienvenida presencia de la bella Kiera Knightley y una sorprendente performance de Saoirse Ronan, quien logra plasmar adecuadamente la precocidad y frialdad de Bryoni, un personaje francamente fascinante, tan bien construido que, a pesar de sus virtudes y del cierto grado de compasión que logra generar, cae inmediatamente antipático, lo cual ayuda a que el público se enganche en favor de la pareja perjudicada y que, por tanto, hace más fuerte el tema de la expiación, pues Bryoni no debe disculparse solo con ellos, sino también con nosotros los espectadores. Sobre el final, solo puedo decir: genial.

Mención aparte merece la música. Cada momento de la historia está perfectamente potencializado por una de banda sonora sencillamente encantadora. Crea la atmósfera adecuada, resalta las emociones y hasta el mundo interior de los personajes parece estar correctamente dibujado en la música y en los efectos de sonido. No puedo hablar de la mezcla y otras cuestiones técnicas, ya que no conozco del tema, pero sí puedo decir que a pesar de lo bien logradas que están las tomas, de los bellos movimientos de cámara y de la cuidadosa dirección artística y fotográfica, esta película no resultaría tan fascinante de no ser por la música, que termina por convertirse así en un elemento casi protagónico.


No logró arrebatarle el Oscar a los hermanos Coen, pero sigo sosteniendo que era la que más posibilidades tenía de hacerlo. No sé decir qué tan subjetivo resulta mi análisis, ya que como dije, esta película fue una sorpresa más que agradable, lo que pudo haber afectado mi percepción. Pero estarán de acuerdo conmigo los que la han visto en que se trata de una película difícil de olvidar, conmovedora y encantadora, y que están bien pagadas la entrada, la gaseosa y la canchita.

viernes, 22 de febrero de 2008

No Country for Old Men (2008)

He decidido empezar con "Sin lugar para los débiles" de los hermanos Coen, no sólo porque es la última película que he visto, sino, sobre todo, porque es la más seria candidata al Oscar que se entrega esta semana y es bueno considerar si se lo merece o no. Recomiendo ver primero la película y luego leer este análisis, pero no creo estar revelando nada importante de la trama (aunque lo parezca)

Sin Lugar Para los Débiles (No Country for Old Men)





Sea cual sea el título o el tema, si la dirigen los hermanos Coen, debemos imaginar que estamos ante una película especial y poco convencional. Su más reciente film no es la excepción, sin embargo, tiene también algunas pinceladas que la distinguen de las anteriores. Es mucho más intensa y violenta y, en cierto sentido, más seria, tal vez porque se trata de una adaptación y no de una idea original. Pero lo cierto es que la historia que nos plantean se mantiene fiel al estilo de los Coen y, según he leído, se mantiene fiel al libro original también.


La historia nos presenta a Llewelyn Moss (Josh Brolin), un cazador que de manera fortuita se encuentra con una terrible escena de crimen: tres autos abandonados, una serie de cadáveres alrededor y varios kilos de droga que hacen suponer que había gran cantidad de dinero en juego. Efectivamente, Moss se encuentra con un maletín con dos millones de dólares y, al llevárselo, desencadenará una sangrienta búsqueda que pondrá en peligro su vida y la de su esposa Carla Jean (Kelly McDonald). Tras él irá Anton Chigurh (Javier Bardem), un despiadado asesino que se juega la vida de sus víctimas a cara o cruz. También aparece en escena el Sheriff del pueblo, Ed Bell (Tommy Lee Jones), un comisario de pueblo chico que por momentos recuerda a aquella peculiar jefa de policía embarazada en Fargo, tan bien encarnada por Frances McDormand. Él proviene de una familia de protectores de la ley, pero empieza a sentirse decepcionado e inseguro de sí mismo al encontrarse en un país plagado de violencia.


Ese es precisamente el tema central y lo que convierte en protagonista a un personaje que, en apariencia, no tiene tanta importancia como el cazador y el asesino. Pero la película es en verdad sobre él. Es en referencia a este personaje que adquiere sentido tanto la estructura del film, como la escena final y el título mismo. Sin lugar para débiles hace referencia directa a este comisario que siente que ya no tiene fuerzas para combatir la creciente violencia que existe a su alrededor. Es él el que se siente débil ("old", en el título original) y por eso está considerando retirarse de la profesión familiar.


La historia entonces se estructura entorno a temas bien delimitados como la violencia, la causalidad, la voluntad, la predestinación o la frustración y desencantamiento, y campos opuestos como vida-muerte o crimen-ley. Se tratan de temas recurrentes en las películas de los Coen, como en Fargo, Sangre Fácil (Blood Simple) o El Hombre que Nunca Estuvo Allí (The Man Who Wasn't There). Por eso resulta curioso apreciar cómo los directores y el autor del libro se complementan tan bien. Es en este sentido que el personaje interpretado por Tommy Lee Jones aparece con supremacía por sobre los demás. Es él el que se mueve constantemente por estos temas, es él quien se cuestiona por la vida, por su destino y por los principios y valores que han guiado su accionar.


Los otros personajes son sólo excusas, o acaso ejemplos, de la violencia que está atormentando al Sheriff, es esa situación que lo hace sentir impotente y hasta inútil. Es cierto, sin embargo, que cada personaje tiene su propia riqueza, pero es el Sheriff quien encarna totalmente el sentido de la película, este cuestionamiento sobre hacia dónde está yendo el mundo, cargado de violencia y muertes por drogas y dinero. No es casualidad que este personaje sea el primero y el último en hablar, pues toda la historia parece así representar solo una reflexión del propio Bell sobre los temas ya mencionados y la situación narrada, solamente un ejemplo significativo. Por eso es que al final decide retirarse, aun temiendo que su padre y abuelo se sientan decepcionados, pues es mayor su frustración y desilusión.


Solo así se explica (y se entiende) ese final que ha muchos deja confundidos, en el que Bell cuenta los dos sueños de su padre. El primero, en el que su padre le da un poco de dinero y él lo pierde, estaría representando el legado familiar, aquella misión de defender la ley que su abuelo y su padre cumplieron y en la que él ha fallado. Tenía en sus manos algo de valor, acaso las vidas de Llewelyn Moss y su esposa, acaso la paz en su pueblo, y no ha podido con la responsabilidad de protegerlo. El segundo, es un poco más abstracto, en él ve que su padre cabalga a su lado con un cuerno de fuego y luego lo pasa dejándolo atrás, pero Bell sabe que pronto llegará a algún lado y su padre lo estará esperando. Esto podría estar representando ese temor que Bell tiene a ser juzgado por su familia, o tal vez por un ente superior (su padre dejándolo atrás puede ser una cuestión espiritual), cuando se reuna con él ¿en el cielo? ¿en el infierno? En todo caso, lo que queda claro es que es una preocupación por su destino, y no es casualidad que lo haya soñado en su primer día de retiro. La frase final "y entonces desperté", no solo representa el hecho de que aún no ha llegado el momento de encontrarse con su padre, sino que evoca la esperanza de que las preocupaciones presentes en sus sueños no tengan sustento en la vida real.


Pero empezamos este análisis con la intención de responder a la pregunta de si merece esta película recibir el Oscar. Sí. La dirección de los hermanos Coen es más que correcta, al igual que la fotografía y la puesta en escena en general, que son de lo más acertadas. Las actuaciones son muy buenas, lo cual no sorprende con actores de la categoría de Tommy Lee Jones y Javier Bardem. Este último justifica la gran cantidad de elogios y premios que ha recibido. Basta compararlo con otros "criminales" nominados este año, como Denzel Washington (American Gangster) o Viggo Mortensen (Eastern Promises), para darnos cuenta de que estamos ante el más perturbador pero a la vez convincente de ellos. Finalmente, la atmósfera de la película es estupenda, pues mantiene de principio a fin la tensión e intensidad de la situación, sin perder de vista el clima de desilusión y desolación que acompaña al personaje principal.


Es obvio que no estamos ante una de las mejores películas de todos los tiempos, pero tal vez sí ante la mejor del 2007, que, a diferencia de lo que sé que muchos piensan, no es poco decir, pues ha habido películas más que interesantes. Desde mi noble punto de vista, la única que puede arrebatarle el Oscar (si es que la elección es justa) es Expiación (Atonement), una brillante película sobre la que escribiré en estos días. Ambas totalmente recomendables.